Un perfil de AMLO, el nuevo presidente mexicano

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El siguiente es un fragmento del libro periodístico Los gobernadores, caciques del pasado y del presente, publicado bajo el sello de Grijalbo y editado por Andrew Paxman.

 

ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR
(Distrito Federal, PRD, 2000-2005)

ENTRE LA MOVILIZACIÓN Y EL GOBIERNO

Guillermo Osorno

 

CÓMO FORTALECER A TU ENEMIGO

El 1º de abril de 2005 una comisión instructora de la Cámara de Diputados emitió un dictamen condenatorio contra el jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Andrés Manuel López Obrador. Dicho dictamen debía ser votado en el pleno de la cámara unos días después. Si procedía, López Obrador —el precandidato más fuerte en las siguientes elecciones presidenciales— perdería sus derechos políticos y podría ser encarcelado. El motivo era un asunto menor: el gobierno de la ciudad había expropiado un predio para abrir una calle que daba acceso a un hospital en el área de Santa Fe. El dueño del predio se amparó. Al inicio de la administración de López Obrador se pararon las obras, pero dos años después un ministerio público consideró que el jefe de Gobierno había violado el amparo. El asunto se calificaba como abuso de autoridad y, de acuerdo con el código penal, tenía una pena corporal. El pleito era viejo, pero a principios de 2005 parecía haber revivido.

Durante enero y febrero de 2005, el presidente Vicente Fox había insistido en que nadie podía estar por encima de la ley. “Si cada quien ajusta la ley a sus intereses, sólo nos espera el desorden y el caos”, dijo en un evento el 16 de enero. El 21 de febrero, la Presidencia emitió un comunicado en el cual declaraba que el autoritarismo que sufrimos en el pasado los mexicanos es el que supone que la autoridad exima a los políticos de las exigencias de cumplir la ley. “Esas prácticas ya no deben existir en México, aunque todavía hay quienes creen que la ley se puede acomodar a la conveniencia de los gobernantes en turno.”2

Pero el asunto también tenía una clara vena política. Según la revista Proceso, Fox y la dirigencia nacional del pri habían decidido seguir adelante con el juicio de desafuero contra López Obrador con el apoyo de algunos empresarios, quienes se comprometieron a respaldar al priista Roberto Madrazo en sus aspiraciones a la candidatura a la Presidencia, a cambio de que instrumentara la inhabilitación política del jefe de Gobierno en la Cámara de Diputados. Sin embargo, no era una estrategia aceptada unánimemente. Muchos dirigentes del pan —el partido del presidente— y del propio pri pensaban que sería un error sacar a López Obrador de la contienda, pues echaría una sombra siniestra sobre las elecciones de 2006.3 La mañana del 6 de abril, el día que los diputados votarían el dictamen condenatorio, López Obrador habló ante miles de simpatizantes congregados en el Zócalo. Les dijo que había decidido no ampararse ni solicitar libertad bajo fianza; que luego de que el Ministerio Público federal solicitara al juez su orden de aprehensión, él mismo se iba a trasladar al juzgado para esperar su detención. Iba a encabezar un movimiento de resistencia pacífica y llamó a una marcha del silencio para el domingo 24 de abril, del Museo de Antropología al Zócalo.

A la una de la tarde, López Obrador llegó a la Cámara a dar un discurso en su defensa. Dijo que nunca había violado la ley y jamás actuó contra la justicia. Hizo un análisis de las incongruencias del proceso y dedicó la mayor parte de su intervención para señalar lo que estaba en el fondo del asunto: un conflicto entre dos proyectos de nación: “Y a los que verdaderamente mandan junto con los que mal gobiernan el país les preocupa y les molesta que nuestro programa en la ciudad —de crecimiento económico y generación de empleos, construcción de obras públicas, de educación, salud y vivienda y de apoyo a los más humildes y olvidados— se propague cada día más, se acredite entre la gente y se aplique a nivel nacional”.4

Acusó al presidente Fox de hacer una campaña en su contra recurriendo a procedimientos deshonrosos, de actuar de manera facciosa y degradar las instituciones de la República; también señaló al presidente de la Suprema Corte de Justicia de supeditar la institución que encabeza al Ejecutivo federal e hizo una reflexión sobre el Estado de derecho. “En México —dijo— el derecho ha significado por lo común lo opuesto a su razón de ser; el derecho que ha imperado ha sido el de dinero y el poder por encima de todo; el derecho de un modelo de país exclusivo para los privilegiados y el derecho a destruir a quienes pongan en peligro ese modelo.” Advirtió que el dictamen condenatorio debería pasar por un filtro final: el escrutinio público, la opinión y la decisión de la gente.5

Luego de que los diputados debatieron, votaron el dictamen: 360 votos a favor, 137 en contra y dos abstenciones. Mucha gente había seguido la sesión por televisión o congregada en el Zócalo. Algunos lloraron enfurecidos cuando se dio a conocer el resultado. “Era una burla para cientos de miles —escribió José Agustín Ortiz Pinchetti, ex mano derecha de López Obrador. Y vino una especie de retroceso. Cuando vi estas escenas en la noche en la televisión, me acordé del verso de Paz sobre el pueblo después de la matanza del 68… ‘es un tigre que se repliega para saltar’ ”.6

López Obrador se refugió en su casa de Copilco, esperando que se ordenara su detención. “Esos días los viví con mis hijos con mucha intensidad —escribió—, fueron momentos llenos de emotividad y sentimientos.”7 Las calles alrededor de su casa se llenaron de gente. Había rezos, pancartas y grupos musicales. Los colaboradores visitaban a López Obrador en su exilio domiciliario. Iban en busca de instrucciones, pero también de liderazgo y de una renovada sensación de optimismo.

En el interior del gobierno, del partido y del equipo coordinador de la campaña a favor de López Obrador, el asunto se vivía como una épica.8 El jefe de Gobierno era el líder que se enfrentaba a los poderes establecidos, a la alianza entre el pri y el pan para sacarlo de la contienda y socavar la democracia. La prensa y los simpatizantes del tabasqueño estaban también enganchados por el suspenso de la trama: ¿terminaría o no López Obrador en la cárcel?

En la mañana del domingo 24 de abril era evidente que la marcha iba a superar todas las expectativas. La gente comenzó a congregarse desde temprano y a caminar por el Paseo de la Reforma, suparando a la vanguardia que comenzaría a marchar desde el Museo de Antropología. López Obrador se presentó en el Ángel de la Independencia para hablar ante los que estaban allí congregados y luego tomó un auto que lo llevó al Zócalo, donde se habían reunido ya cientos de miles de personas. López Obrador tomó la palabra: habló en tono moderado, aprovechó para plantear de nuevo su programa de gobierno y decir que legalmente seguía siendo jefe de Gobierno y que reasumiría al día siguiente el cargo, lo que despertó una sonora ovación. A pesar de que López Obrador se retiró, la gente siguió inundando durante las horas siguientes el Paseo de la Reforma, la Avenida Juárez y el Zócalo. Fue ampliamente estimada como la marcha más numerosa en la historia de México.

El presidente Fox finalmente se dio cuenta de que el asunto del desafuero lo había desbordado. Sus asesores recomendaron echar marcha atrás y la noche del 27 de abril leyó un discurso en la televisión en el que anunció que aceptaba la renuncia del procurador Rafael Macedo de la Concha y, como presidente de un país democrático, no le impediría a nadie que se presentara a la contienda electoral.

La analista política Denise Dresser escribió unos días después: “Todos aquellos que han intentado frenar a López Obrador se han convertido en cómplices de una autodestrucción anunciada. Desactivaron una bomba que iba a dañar el país. Ahora han armado una que les explotará en las manos”.9

FIGURA EN LOS EXTREMOS

El episodio del desafuero muestra que Andrés Manuel López Obrador es un personaje único en la historia de México, la figura más controvertida de la política mexicana del nuevo milenio. Encarna una extraña mezcla de luchador social, líder político y hábil administrador que es muy rara en nuestro país, y su paso como jefe de Gobierno de la Ciudad de México nos da una ventana hacia este fenómeno.

Fue un gobierno con hitos en política social, finanzas públicas y desarrollo económico que realizó obras públicas importantes. También fue un gobierno que se negó a acatar las leyes de transparencia e impulsó los segundos pisos del Anillo Periférico, favoreciendo a un porcentaje mínimo de la población; fue un gobierno muy conservador en materia de derechos reproductivos y diversidad sexual, dos banderas de la izquierda que López Obrador no enarbola debido, tal vez, a sus creencias religiosas. En varias ocasiones confundió reclamos legítimos de los capitalinos, como detener una ola de secuestros, con ataques de sus enemigos, y su discurso sobre “la mafia en el poder” sin duda asustó a las clases medias y altas de la ciudad y polarizó la discusión pública entre opositores y seguidores del líder.

Desde la capital, López Obrador creó una base de poder político independiente, como ningún regente anterior. Por eso (y por sus ambiciones a la Presidencia) su periodo estuvo marcado por el constante enfrentamiento con sus enemigos: el presidente Fox, el ex presidente Carlos Salinas de Gortari y los partidarios de Acción Nacional y el Revolucionario Institucional. Esta batalla tuvo un efecto doble sobre la figura de López Obrador: para algunos, se convirtió en el cínico izquierdista que estaba rodeado de gente corrupta y sentía poco apego por la ley; para otros, se volvió una figura épica, que se enfrentaba a una oligarquía corrupta que se quería perpetuar en el poder.

Esta bipolaridad lo ha acompañado durante su carrera política y tiene un correlato en los libros que se han escrito sobre el periodo.

Ningún otro tramo de la vida política de López Obrador está tan registrado y estudiado. Existen valiosas memorias sobre su gestión como jefe de Gobierno;10 reflexiones de tradición liberal en contra del político de izquierda;11 además de los volúmenes publicados durante su primera campaña a la Presidencia, en 2006, para argumentar a favor o en contra.12

Pero una de las mejores fuentes para entender el paso de López Obrador por la Ciudad de México son los libros que él mismo escribió. El tabasqueño es un caso raro porque tiene una producción literaria abundante. Aunque poco interesado por los viajes y los idiomas extranjeros, es conocida su afición por la lectura y la historia (sus primeros dos libros tratan sobre la historia política de Tabasco del siglo XIX)13 y muchas de las ideas que puso en práctica en la ciudad —e incluso enarbola ahora— ya estaban esbozadas por su propia pluma. La producción literaria de López Obrador es al mismo tiempo programática y biográfica y, en algunos volúmenes, ambas intenciones se combinan. En su veta programática, expone sus ideas sobre la importancia de devolverle al Estado un papel en la conducción de la economía, el fortalecimiento del mercado interno y la disminución de la desigualdad; habla de la movilización social como arma de negociación; traza una política social que pone especial atención a grupos vulnerables, como los viejos y las madres solteras; muestra sus nociones de la historia de México en las que la República Restaurada y el cardenismo desempeñan el papel de faros políticos, y enseña su preocupación sobre la corrupción, capturada por un pequeño grupo de políticos y empresarios que se han coludido. López Obrador se propone, en última instancia, como la esperanza para la
regeneración política de México.

En su veta biográfica, sus libros cuentan su experiencia como discípulo del poeta Carlos Pellicer, delegado del Instituto Nacional Indigenista de su estado, coordinador de campaña de Enrique González Pedrero para la gubernatura de Tabasco y líder del PRI local, de donde es removido por crear comités de base independientes a las estructuras tradicionales del partido.

A mediados de los ochenta, López Obrador se mudó a la capital y trabajó en el Instituto Nacional del Consumidor, periodo que también le sirvió para escribir sus primeros libros. Cuando en 1988 Cuauhtémoc Cárdenas fundó la Corriente Democrática Nacional dentro del pri, contra la candidatura de Carlos Salinas, López Obrador se unió al movimiento que desembocó en la fundación del PRD. Muy pronto se convirtió en el presidente del partido en Tabasco. Tras las controvertidas elecciones municipales de 1991, emprendió una serie de protestas que convergieron en un Éxodo por la Democracia, una gran movilización que recorrió el país, duró dos meses y terminó en la Ciudad de México, donde López Obrador pudo negociar con el secretario de Gobernación, un hombre de mano dura, los triunfos en algunos municipios.

En 1994 se lanzó por segunda vez como candidato a la gubernatura de Tabasco. Fueron unas elecciones muy ríspidas. Su contrincante —el priista Roberto Madrazo— ganó, pero López Obrador lo acusó de rebasar por mucho los límites de los gastos de campaña, además de denunciar irregularidades conspicuas en el conteo de los votos. De nuevo, movilizó a sus simpatizantes: organizó un plantón en la plaza principal de Tabasco y una nueva caravana, que lo convirtió en una figura política nacional.

López Obrador ganó la presidencia del PRD en las elecciones internas de 1996. Su paso por el partido estuvo coronado por varios éxitos. Tras las elecciones de medio periodo en 1997, el prd llevó a Cuauhtémoc Cárdenas a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. Más tarde, el partido ganó las gubernaturas de Zacatecas, Tlaxcala y Baja California Sur, haciendo alianzas con ex priistas que se pasaron a las filas del Sol Azteca. Al mismo tiempo, desempeñó el papel de gran opositor a la política de rescate bancario promovida por el presidente Ernesto Zedillo para salvar al sistema financiero luego de la crisis económica de 1994. López Obrador señalaba que la medida beneficiaba a los poderosos y había comprometido la economía de millones de mexicanos.

Todas estas experiencias están recogidas en sus libros: Entre la historia y la esperanza: corrupción y lucha democrática en Tabasco (Grijalbo, México, 1996) y Fobaproa: expediente abierto (Grijalbo, México, 1999), así como en un par de tomos que publicó después de que se hizo jefe de Gobierno: Un proyecto alternativo de nación (Grijalbo, México, 2004) y La mafia nos robó la Presidencia (Grijalbo, México, 2007). En ellos se pinta como un hombre que ha debido enfrentar la corrupción y los embates de la clase política del país, que ha sabido hacer oposición y doblar la voluntad de los poderosos por medio de grandes movilizaciones; un político austero, al que no le interesa el dinero, eficaz a la hora de hacer gobierno o ganar elecciones, preocupado por la cuestión social, que acompaña al pueblo en sus causas y defiende los principios morales derivados de episodios clave de la historia de México; el líder, en fin, que le devolvería al país el rumbo que ha perdido. La ciudad habría sido el primer laboratorio de su proyecto.

EL CANDIDATO MÁS FUERTE

En la víspera de las elecciones del milenio, que se iban a celebrar el 6 de julio de 2000, el panorama político nacional estaba señalado por una posibilidad histórica: por primera vez el pri podría perder la Presidencia. Mientras el partido oficial presentaba la candidatura de Francisco Labastida Ochoa —un hombre del sistema—, el pan fue tomado por asalto por Vicente Fox Quesada, quien construyó su candidatura por medio de la creación de Amigos de Fox, una especie de partido paralelo que canalizaba cuantiosos recursos y ad- ministraba la figura del candidato de manera muy efectiva, empujándolo como el bravucón que iba a acabar con el PRI.

El PRD iba a postular por tercera vez a Cuauhtémoc Cárdenas, fundador del partido y primer jefe de Gobierno electo de la capital. A diferencia de López Obrador, quien desde el partido se había encargado de radicalizar la discusión pública presentando al PRI y al PAN, los partidos que aprobaron el Fobaproa como hechos de la misma cosa, Cárdenas buscó una alianza con el pan para derrotar al PRI. La alianza nunca cuajó y Cárdenas perdió mucho tiempo electoral en esto. No pudo presentar un contraste convincente y la elección se convirtió en una carrera entre Labastida y Fox, dejando al candidato del prd en un distante tercer lugar. Si el partido no quería retroceder, necesitaba un candidato fuerte en la capital y por eso volteó su mirada hacia López Obrador, el único político de estatura que podía presentar una nota discrepante en esa elección por la jefatura del Distrito Federal.

René Bejarano, uno de los principales operadores políticos del partido, cuenta que un grupo fue hasta Tabasco a hablar con López Obrador.

Lo encontraron en un municipio llamado Paraíso: “Yo creo que él nos midió pensando que no íbamos a llegar a un acuerdo de unidad —dice Bejarano—, porque cuando lo fuimos a proponer, nos dijo que primero nos pusiéramos de acuerdo”. De regreso a la Ciudad de México, los dirigentes del partido se reunieron en varias ocasiones. Fue un proceso arduo, pero los jerarcas llegaron a un acuerdo, aunque no unánime, de apoyar la candidatura de López Obrador. El 14 de noviembre de 1999, el PRD ratificó la decisión.

Para la campaña, López Obrador nombró a Bejarano como coordinador. Él había sido presidente del partido en la capital y secretario de Gobierno durante la gestión de Cuauhtémoc Cárdenas. Desde allí había desarrollado una estructura propia, sobre todo después de las elecciones vecinales de 1999, en las que muchos de sus candidatos habían ocupado los puestos en disputa. “Como Andrés siempre ha tenido mucha capacidad, mucho olfato y buena posibilidad de planeación, hicimos una campaña en ascenso con una estrategia muy bien pensada”, dice.

Al inicio, las encuestas no favorecían a López Obrador, pero según Bejarano, los otros partidos cometieron un error al elegir a sus candidatos. En vez de Fernández de Cevallos, un hombre muy conocido, el pan nombró a Santiago Creel, un abogado de buena familia, alejado de los polvos de las calles; en vez de Roberto Campa Cifrián, un político sagaz y trabajador, el pri eligió a Jesús Silva Herzog, un hombre de la vieja élite política, que no sabía hacer campañas. López Obrador, en cambio, recorrió todos los rincones de la ciudad.
Para marzo de 2000 contaba ya con la ventaja en las encuestas, pero un debate en Televisa solidificó las preferencias. El enfrentamiento fue entre López Obrador y Fernández de Cevallos, que no estaba contendiendo por la ciudad. De acuerdo con Bejarano, él y López Obrador veían en casa del tabasqueño el programa de Joaquín López Dóriga en el que entrevistaba a Diego Fernández de Cevallos, quien se expresaba muy mal del candidato del PRD.

En medio del programa recibieron una llamada de la producción del noticiero. López Obrador tomó el teléfono y después de una discusión con Fernández de Cevallos frente a una audiencia nacional, aceptó asistir al siguiente programa para sostener un debate. “Andrés Manuel no es muy buen polemista, pero se preparó”, dice Bejarano. Con la asesoría de dos expertos, trazaron la estrategia del “sobre negro”, que consiste en llevar a la mesa de debate un sobre con supuesta información reveladora que tiende a desestabilizar a las personas que tienen uno o varios esqueletos en el clóset. “Quién sabe qué se imaginaba Diego que tenía en el sobre —dice Bejarano—, pero cada vez que Andrés amenazaba con abrir el sobre, Diego se desestabilizaba y perdía la concentración.”

Durante el debate, López Obrador acusó a Fernández de Cevallos de ser un simulador, un opositor que en realidad siempre le había hecho el juego al régimen. “Estamos frente a un grupo compacto, una mafia, que está formada por banqueros, hombres de negocios, tecnócratas y políticos corruptos que han utilizado el poder público para el beneficio de minorías a costa de la mayoría de la gente.”14

¿Las pruebas? La votación del PAN a favor del rescate bancario. A mitad del programa, se transmitió con gran efecto un video que López Obrador había traído al foro: se veía a Fernández de Cevallos subido en la tribuna de la Cámara pidiendo que se quemaran las boletas electorales de la elección de 1988, las que llevaron al poder a Carlos Salinas, en medio de serias acusaciones de fraude electoral.

Conforme avanzaba la transmisión, los ataques se hicieron más personales. López Obrador dijo que a él no le gustaba el dinero como a Fernández de Cevallos, en su momento, tal vez el abogado litigante más rico de México. Lo acusó de enriquecerse traficando influencias. El líder del pan, famoso por sus habilidades oratorias, se veía molesto y arrinconado.

Casi al final, López Obrador presumió que él nunca le había visto la cara a Salinas. “Pobre país —dijo Fernández de Cevallos— donde la honestidad de los políticos sea verse o no verse la cara.” Entonces, López Obrador reveló el contenido del sobre; sólo era una foto en la que se veían juntos a Fernández de Cevallos y Salinas de Gortari. La evidencia de la corrupción del panista era muy débil, pero la estrategia del sobre negro había funcionado: estuvo errático y a la defensiva. Los comentaristas y la opinión pública le dieron la victoria al tabasqueño.

A pesar de la ventaja que le dio este episodio, López Obrador tuvo que enfrentar dos problemas más durante las siguientes semanas. El primero: representantes del PAN y PRI impugnaron su registro como candidato arguyendo que el tabasqueño no podría comprobar una residencia de cinco años continuos en la Ciudad de México. El asunto se llevó al Tribunal Electoral del Distrito Federal, que revisó su residencia continua. El 5 de mayo, López Obrador convocó a una marcha en el Zócalo para defender su candidatura. Asistieron decenas de miles de personas a la manifestación, que se convirtió no sólo en una consulta pública, sino también en una politización de la decisión de los jueces del tribunal. ¿Qué pasaría si declaraban inválida la candidatura del puntero? A finales de mes, el tribunal falló a favor de López Obrador por tres votos a favor y dos en contra. Como la Asamblea Legislativa, dominada por el prd, había designado a esos jueces, muchos consideraron que esa votación fue amañada.

El segundo problema era el crecimiento del candidato del PAN —Santiago Creel—, quien comenzó a ganar terreno en las encuestas, en parte, por el efecto contagioso de Fox, cuya carrera hacia la Presidencia parecía ya imparable; pero también el ascenso de López Obrador estuvo en peligro por el resultado del debate entre los candidatos. Creel estuvo asertivo y brillante; Silva Herzog pudo asestar un par de golpes a López Obrador presentándolo como el líder social causante del desorden en la ciudad por haber traído las marchas y los bloqueos; en cambio, López Obrador insistió en presentar a sus adversarios como parte de “la mafia en el poder”, pero en esta ocasión la crítica sonó hueca y retórica.

Al final, López Obrador ganó las elecciones del 6 de julio. Obtuvo el 38% y Creel se llevó el 33%. Ese día el país se transformó radicalmente. Fox ganó las elecciones presidenciales, terminando 71 años de hegemonía priista, y la Ciudad de México quedó en manos de uno de los opositores al régimen con más futuro político.

AMLO, GOBERNANTE

López Obrador dedicó los meses que siguieron a la elección hasta la toma de protesta para preparar su gobierno. “Fue un periodo de concentración y estudio”, recuerda Bejarano. El equipo se reunía en el penthouse del Hotel Marbella a trazar las grandes líneas del gobierno. Un aspecto poco discutido sobre López Obrador es su capacidad como administrador. Muchos de sus colaboradores de esta etapa coinciden en que se mostró como un líder con objetivos claros y un sistema de trabajo.

“No es difícil imaginar que AMLO es un dirigente inspirado que actúa con impulsos, arrasado con todo lo que se opone —escribió Ortiz Pinchetti. Eran falsas suposiciones. Como me di cuenta después de trabajar unas semanas con él, su principal activo era su talento para organizar. AMLO parecía venir de otro planeta: era puntual, productivo, proactivo, ejecutivo y directo.”15

López Obrador estableció un gran plan de coordinación administrativa, juntando secretarías afines bajo una coordinación por gabinetes: administración y procuración de justicia, desarrollo sustentable, administración y finanzas y desarrollo social. Y cada gabinete se puso a trabajar en un programa de gobierno.

Con Octavio Romero, un ganadero tabasqueño que había sido secretario de finanzas del PRD, decidió los recortes al gasto corriente de la burocracia que el candidato había prometido. “Cada secretaría tenía su organigrama —recuerda Romero—, y por muy pequeña que fuera tenía cualquier cantidad de direcciones generales, de área, que se podían compactar en una sola, y eso estuvimos haciendo esos meses. De tal manera que cuando llegó el día de la toma de posesión, teníamos la película completa.”

El académico Ignacio Marván, quien se incorporó al equipo como asesor, recuerda que López Obrador organizó también un grupo de trabajo con Ortiz Pinchetti, el abogado Bernardo Bátiz y él para estudiar cuáles eran las relaciones y los límites del jefe de Gobierno para llevar a cabo su programa basado sólo en sus facultades reglamentarias. La Ciudad de México llevaba apenas tres años de vida política propia. Gracias a una reforma reciente, había pasado de ser una dependencia del gobierno federal a un gobierno local. Su primer jefe de Gobierno —Cuauhtémoc Cárdenas— se encargó de avanzar mucho en la construcción de un entrama- do legal.

Elaboraron un documento de cerca de 80 páginas que mostraba un panorama ambiguo: el presidente tenía prerrogativas para designar al jefe de la Policía y podía controlar la cantidad de dinero que la Federación le daba a la capital, además de que —por medio de la Secretaría de Educación— tenía total injerencia sobre las escuelas primarias y secundarias.

El Congreso podía legislar sobre asuntos internos de la capital por medio del estatuto de gobierno; la Cámara de Diputados podía desaforar y destituir al jefe de Gobierno, y el Senado también podía destituirlo a petición del presidente. Era extraño, pero el estudio resultó una especie de catálogo de las estratagemas que iba a afrontar López Obrador durante su mandato como respuesta a las puyas que tiraba al Ejecutivo.

Poco antes de tomar posesión, López Obrador hizo público un proyecto de gobierno de 40 puntos, una especie de catálogo de medidas que iba a tomar sobre política social, seguridad, austeridad, gobierno y obra pública. Y conforme se acercaba la ceremonia, fue quedando claro que su gabinete estaría conformado en gran medida por gente que lo había seguido desde la presidencia del PRD. Casi todos los allegados pensaban que López Obrador nombraría como secretario general de Gobierno a Bejarano, pero al final la responsabilidad cayó sobre José Agustín Ortiz Pinchetti. Bejarano se quedó con la secretaría particular. ¿Por qué? “Porque Andrés Manuel tiene un estilo de gobernar y de dirigir muy peculiar —dice Bejarano—, que reparte el poder para que no le compitan.” De acuerdo con Bejarano, las funciones de la Secretaría de Gobierno se dividieron entre cuatro o cinco personas y cada una de ellas le reportaba directamente al tabasqueño. También es cierto que la gente cercana a López Obrador desconfiaba de Bejarano por el poder autónomo que tenía sobre los comités vecinales, y habían recomendado
mantenerlo a raya.16

El 5 de diciembre Andrés Manuel López Obrador tomó posesión. La ceremonia estuvo plagada de simbolismos y en guerra de imágenes con la del presidente Fox, unos días antes. Mientras Fox fue a la Basílica de Guadalupe a orar, López Obrador comenzó su día visitando el Hemiciclo a Juárez; mientras Fox recibió un crucifijo de sus hijos en el Auditorio Nacional, López Obrador recibió un retrato del héroe de la Reforma en el edificio de la Asamblea Legislativa. En su discurso subrayó muchas de las ideas expresadas tanto en sus libros como en campaña y su paso por el PRD, sobre el papel del Estado, la corrupción y la desigualdad.

Uno de los primeros temas en la agenda noticiosa fue la discusión de su presupuesto de egresos de 2001, en el que estaba delineada su política de austeridad republicana. El propósito era ahorrar 6 mil millones de pesos para poder destinarlos a los programas sociales. El presupuesto contemplaba cancelar nuevas contrataciones, recortar la nómina de mil funcionarios, eliminar la figura del secretario privado y reducir la planta de asesores.

Los sueldos de directores generales y superiores se reducirían en 15%. También se iban a limitar los gastos por servicios básicos, viáticos y representación. No se iban a adquirir nuevos autos, su uso se racionalizaría y tampoco se iba a gastar en remodelaciones y bienes decorativos.

El subsecretario de Egresos —Gustavo Ponce Meléndez— le dijo a Proceso que la idea era que el gasto e inversión se asociaran a la política social para asegurar los estándares mínimos de bienestar a la población, principalmente los grupos vulnerables, en áreas de alimentación, salud, vivienda, educación y seguridad pública.17

POLÍTICAS SOCIALES UNIVERSALES

Para diciembre de 2003, López Obrador había podido desplegar su programa y se había convertido en uno de los políticos más populares del país. “Yo creo que la etapa de jefe de Gobierno de la Ciudad de México es uno de los mejores momentos políticos de Andrés Manuel —dice Alejandro Encinas, que fue secretario de Desarrollo Económico. Si bien fue muy exitoso como dirigente social de Tabasco y como presidente del PRD, su momento de quiebre importante es al frente de la ciudad.”

En materia de finanzas, el manejo había sido mucho más responsable de lo que la leyenda negra sugería. A propósito de su incorporación al gobierno de López Obrador, un ex funcionario de la Secretaría de Finanzas cuenta:“Lo que me imaginaba es que estábamos invitados a un proyecto político y que nosotros en la secretaría debíamos dotarlo de las capacidades técnicas para llevarlo a cabo”.

Desde los primeros días de gobierno, todos los ahorros obtenidos por la política de austeridad se orientaron a grandes programas sociales y educativos.Ya que pesaba sobre López Obrador la duda sobre su capacidad para financiar un programa tan ambicioso, el manejo de la deuda era muy importante. Cuando López Obrador llegó a la jefatura de gobierno, esa deuda era de 28 mil millones de pesos. Al término de ésta, era de 44 millones de pesos.18 Creció 53% en términos reales, pero si se toma en cuenta la inflación sólo creció 16%. La tasa de crecimiento de la deuda se redujo en términos reales. Según cifras del propio gobierno de López Obrador, durante la última administración del PRI había crecido a una tasa de 57% anual.

Durante el régimen de Cuauhtémoc Cárdenas y Rosario Robles (sustituta de Cárdenas mientras él competía para la Presidencia), creció 19% anual. Para solucionar este problema, durante el régimen de López Obrador todos los años se solicitaron menores techos de endeudamiento y el crecimiento de esta deuda se redujo al 3% anual. Al final del periodo, las empresas calificadoras de solvencia Fitch, Moody’s y Standard & Poor’s dieron a la ciudad un rango AAA, el más alto.19

Junto con Raquel Sosa —la secretaria de Desarrollo Social—, López Obrador elaboró un programa social amplio que incluía acciones como el apoyo directo y universal a madres solteras y discapacitados, la entrega gratuita de útiles escolares, créditos a la construcción de vivienda, un hospital en Iztapalapa y escuelas preparatorias. Según López Obrador, su gobierno destinó mil millones de dólares anuales a los programas sociales.20 Pero el programa que se hizo emblemático fue el de la pensión universal alimenticia a los adultos mayores, que se canalizó por medio de la Secretaría de Salud.

Al frente de la secretaría estuvo Asa Cristina Laurell, una investigadora de la unam. Como muchos del gabinete de López Obrador, se había quedado impresionada por su capacidad de organización. Laurell había sido representante del prd en Puebla y vio cómo el partido ganó mucho terreno en aquellos años. Según Laurell, la pensión alimentaria para adultos mayores era una idea del propio López Obrador.

“Donde sí hubo una discusión importante, en la que participamos varias personas, fue en si debía ser universal”, dice. La idea de que una medida como ésta fuera para todos, sin importar si eran ricos o pobres, era novedosa en México y elevaba la política al rango de derecho social. Estaba, además, en contra de la tendencia mundial de focalizar las medidas sociales.

La Secretaría de Salud tenía una amplia infraestructura en la capital por la cual se podía canalizar el programa: 210 centros de salud y 26 hospitales. Además, contaba con mil encuestadores que hicieron un censo casa por casa que sirvió para dividir la ciudad en unidades territoriales, según su grado de marginación. Eso permitió establecer un orden de prioridad y otorgar a los adultos mayores las primeras tarjetas, a las que se les depositaban cerca de 700 pesos mensuales.

Esta división del territorio sirvió también para hacer llegar de manera más efectiva las políticas de seguridad pública y los otros programas sociales: vivienda, educación y desarrollo económico, además de los apoyos a los discapacitados y las madres solteras. Agentes de la Dirección General de Atención Ciudadana visitaban las casas y distribuían el plan anual. El gobierno especificaba lo que iba a hacer y la gente podía verificar que los programas llegaran a su destino. Cada trimestre se hacían asambleas entre los funcionarios y la gente, en las que se reportaban los avances y se discutían los problemas.

En cuanto al programa de pensión alimenticia, Laurell piensa que trajo varios beneficios; uno importante, de carácter intangible, es que le daba cierta independencia y dignidad a gente que normalmente se considera una carga para la familia. Otro era que intentaba deshacer el cambio de votos en bloque por apoyos sociales. “A mí me consta que una de las razones por las que hicimos el programa de pensión así era para romper las redes clientelares de la ciudad —dice Laurell—, porque el único que podía inscribirse al programa era el interesado o un familiar cercano al interesado.”

Tanto el pri como el pan criticaban los programas por su supuesto uso clientelar. Pero Laurell asegura que no hubo tal práctica: “A mí me llegaron listas y listas de diputados, de senadores de todos los partidos, de las organizaciones sociales y territoriales, y yo les respondí invariablemente ‘lo siento, no les puedo ayudar porque es un programa de inscripción individual’. Y eso me causó muchos problemas, desde luego”.

Rogelio Gómez Hermosillo, quien entonces trabajaba en la Secretaría de Desarrollo Social del gobierno federal, reconoce que López Obrador sí hizo cambios importantes: “Creó dos grandes esquemas de transferencias monetarias a personas con algún grado de necesidad y discapacidad —dice—: la pensión para adultos mayores que sí es universal y en eso fue pionero, aunque luego le copiaron los estados y la Federación, y las transferencias monetarias para personas que tuvieran alguna discapacidad, que era un programa focalizado a ciertas zonas geográficas de la ciudad con altos índices de marginación”.

La seguridad era un asunto que le preocupaba a López Obrador. Todos los días a las siete de la mañana, luego de las conferencias de prensa mañaneras, celebraba una reunión con los encargados del ramo, en la que recibía reportes diarios y daba instrucciones. En 2002 López Obrador puso como secretario de Seguridad Pública a Marcelo Ebrard, quien había desempeñado un papel brillante como secretario general de Gobierno del Distrito Federal a principios de los años noventa. Ebrard inició una restructuración de la secretaría: creó la Subsecretaría de Participación Ciudadana y Prevención del Delito y dividió el mando de la policía sectorial en seis regiones adscritas a una dirección ejecutiva. También estableció alianzas con sectores empresariales preocupados por la delincuencia —por ejemplo, con Carlos Slim— en el Centro Histórico. A fines de 2002, financiado por los empresarios, Ebrard contrató los servicios de Rudy Giuliani, ex alcalde de Nueva York, para que hiciera un diagnóstico de la seguridad de la ciudad. El estudio costó cuatro millones de dólares. Por recomendación de Giuliani, la Secretaría de Seguridad Pública impulsó reformas al código penal, endureciendo las penas a los delitos.

También Ebrard comenzó un sistema para poner metas a la reducción de delitos y al aumento del número de detenidos. El primer recuento fue de 18 mil detenidos de mayo a septiembre de 2003. En 2004 hubo 22 mil detenidos.21 Según Carlos Cruz, director de Cauce Ciudadano —una organización de la sociedad civil encargada de dar alternativas a los jóvenes en zonas violentas—, esta política criminalizó a miles de muchachos. Por aquellos años, él estaba involucrado en los grupos juveniles violentos desde la Preparatoria 5, pero ya había comenzado a buscar alternativas a la violencia. Vio cómo miles de chicos fueron enviados a la cárcel por delitos pequeños, como el robo de un celular, y luego cómo se convirtieron en criminales peligrosos por su paso por la cárcel.

Por otro lado —escribe el académico de El Colegio de México Arturo Alvarado—: “La política de seguridad fue tornándose uno de los ejes exitosos del gobierno de López Obrador […] La ciudad comenzó a experimentar una pequeña disminución de la delincuencia y un mejor control de las policías, no obstante sus fragilidades”.22

En general, los índices de criminalidad en los principales rubros bajaron en la capital, pero también lo hicieron en el resto del país. De acuerdo con el ex director del Inegi Eduardo Sojo, si se comparan con los índices de la Ciudad de México, en el periodo de López Orador hubo un avance, pero si se comparan con lo que sucedió en otras partes del país, el gobierno de la ciudad quedó en deuda.23

ECONOMÍA Y EMPRESARIOS

López Obrador también invirtió su prestigio en el desarrollo económico tanto por los programas de apoyo a las pequeñas empresas como por los esquemas de fomento, que muestran la capacidad de interlocución del gobierno con los empresarios, a pesar de que López Obrador se había confrontado con ellos por sus ataques al programa de rescate bancario. Al frente de la Secretaría de Desarrollo Económico estaba Alejando Encinas, un economista de la UNAM que había sido fundador del PRD y secretario de Medio Ambiente en el gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas.

La secretaría participaba en la política social del gobierno por medio de un programa de microcréditos que se amplió pronto a uno de créditos a las pequeñas empresas. “Empezamos con un fondo de cien millones de pesos y acabamos con uno de cerca de 750 millones de pesos —dice Encinas—… con unos porcentajes de recuperación altísimos, particularmente los créditos a las mujeres.”

Encinas asegura que López Obrador logró romper una inercia de los gobiernos anteriores de la ciudad, que no habían hecho obra pública. Comenzó, por ejemplo, la construcción de los segundos pisos del Periférico —con una gran polémica— y las primeras líneas del Metrobús, el sistema de camiones que transitan en carriles confinados y con estaciones especiales. Invirtió en infraestructura hidráulica y plantas de bombeo para evitar las inundaciones de la ciudad, entre otras obras. Hubo negociaciones interesantes con grupos empresariales; por ejemplo, para el Puente de los Poetas, una carretera de cuota que conecta el sur de la ciudad con el poniente, se intercambió su construcción por terrenos propiedad del gobierno en la zona de Santa Fe, considerando el valor del predio con la obra concluida. A una negociación similar se llegó con el cemento de algunos tramos del Segundo Piso del Periférico, que se intercambiaron por terrenos que necesitaba la empresa Cemex. De la misma manera, el gobierno negoció con la inmobiliaria Reichmann, que estaba construyendo la Torre Mayor, para que vendiera unos terrenos baldíos frente al Hemiciclo a Juárez, donde luego se construyeron las nuevas sedes para el Tribunal Superior de Justicia y la Secretaría de Relaciones Exteriores, además de incorporar la Iglesia de Corpus Christi a una plaza diseñada por el arquitecto Ricardo Legorreta.

López Obrador mantenía una buena relación con los empresarios, afirma Encinas. “A mí me tocó formar el consejo promotor de las inversiones de la Ciudad de México, donde estuvieron los dieciocho empresarios más ricos no de la ciudad, sino del país —dice. Recogíamos las propuestas y preocupaciones del sector empresarial para hacer los planes de las grandes inversiones.” El consejo estaba formado por Carlos Slim, Antonio Madero Bracho, Roberto Hernández, Fernando Senderos, Emilio Azcárraga Jean y Carlos Abedrop.

Tal vez el proyecto más ambicioso de esa administración fue la recuperación del Centro Histórico. Desde mediados del siglo xx, el corazón de la ciudad había sufrido varios golpes que lo tenían al borde del colapso: primero, se mudó la Universidad Nacional a los terrenos del Pedregal de San Ángel; a principios de los ochenta, la Central de Abastos se fue al oriente; el sismo de 1985 destruyó muchos edificios. El centro simbólico de la ciudad y del país estaba agonizante: se había despoblado y el comercio informal se había desbordado, ahogaba el espacio público y escondía los edificios históricos. En 1990, bajo la regencia de Manuel Camacho Solís, se creó el Fideicomiso del Centro Histórico, un organismo privado que recibía fondos y hacía algunas obras en el área, nada más. Bajo Cuauhtémoc Cárdenas, la UNAM, el Instituto Politécnico Nacional y el fideicomiso hicieron un diagnóstico sobre la situación de la zona, pero avanzó poco en su recuperación.

En 2001 el fideicomiso se convirtió en un organismo público con un consejo de ciudadanos, entre los que estaban el locutor Jacobo Zabludovsky, el cronista Guillermo Tovar y Carlos Slim, quien a su vez creó la Fundación del Centro Histórico, para promover la participación de la iniciativa privada en este rescate. A partir de 2002, el gobierno de la ciudad hizo una fuerte inversión en la infraestructura (el drenaje, por ejemplo, no se había tocado en 100 años) que detonó a su vez la inversión privada. Algo similar sucedió en el Paseo de la Reforma. La avenida más importante de la capital no había sido tocada desde los años sesenta. Siguiendo un plan maestro elaborado en la UNAM, el gobierno invirtió en la renovación de los árboles, las banquetas, las luminarias y la infraestructura urbana, además de dar estímulos fiscales a los desarrolladores inmobiliarios. No deja de ser paradójico que un gobierno de izquierda hubiera permitido que un solo empresario —Carlos Slim— lucrara tanto con el rescate del Centro Histórico. Slim era dueño de 80 inmuebles de la zona, cuyo valor se habría disparado como consecuencia de las obras de embellecimiento y desalojo de los vendedores ambulantes.24

AMLO CON FOX

¿Por qué un gobernante que desarrolló un programa intenso que convencía a una coalición amplia de empresarios, clases medias y sectores populares terminó ocupando las calles por dos meses en el corazón del país, en medio de un desgastante conflicto poselectoral? Hay que buscar la respuesta en el doble papel que López Obrador desempeñaba como jefe de Gobierno y líder de la oposición. Al mismo tiempo que él y su equipo intentaban dar soluciones a los problemas de desigualdad, obra pública, seguridad, transporte, infraestructura y desarrollo económico, el jefe de Gobierno estaba en una carrera política que lo obligaba a mantenerse en una movilización constante y lo enfrentaba con adversarios poderosos.

“Hoy estoy seguro de que Fox no sabía lo que quería en la Presidencia —escribió en 2006 Ortiz Pinchetti. En cambio, AMLO tenía claro su primer objetivo: posicionarse no sólo para cumplir su tarea de gobernador de la ciudad más grande del mundo, sino también para establecer su propia identidad política y poder aspirar a un proyecto de gran alcance. Además, tenía que elegir a su adversario.”25 Eligió, por supuesto, a Vicente Fox. Luego de que fue electo presidente se reunieron y Fox trató de convencer a López Obrador para que impulsaran juntos la privatización de Pemex, de la industria eléctrica, una reforma laboral y el aumento del impuesto al valor agregado. En fin, el catálogo entero de temas que constituían las reformas estructurales a las que López Obrador se oponía: “Después de esa entrevista con Fox llegué a la conclusión de que había que demostrar que era posible aplicar un proyecto alternativo, un modelo distinto y que lo podíamos lograr desde el Gobierno de la Ciudad de México”. 26

Este conflicto tuvo episodios cómicos y otros muy dramáticos que mantuvieron a la opinión pública en la orilla de sus asientos. El horario de verano fue una de las primeras arenas donde se enfrentaron. El gobierno federal quería modificar el horario en todo el país para fomentar el ahorro de energía. López Obrador pensaba que era una medida antipopular y que debía someterse a una consulta pública, una estrategia que se convirtió en una práctica común cuando el jefe de Gobierno no quería aceptar una medida federal o quería hacer avanzar una iniciativa. El Instituto Electoral del Distrito Federal se negó a hacer tal consulta por el costo que representaba. El equipo de López Obrador optó por hacer una encuesta telefónica que corroboraba la posición del gobierno local. El asunto terminó en la Suprema Corte de Justicia, que no suspendió el decreto de Fox. Luego el Congreso votó una reforma de ley que facultaba al presidente hacer el cambio.

Su oposición al horario de verano era un ejemplo de la estrategia de confrontación de López Obrador. Según Bejarano, ésta consiste en anclarse en un tema para generar identidad y luego llevarlo a los extremos. “Es una estrategia no sólo de contraste, sino también de polarización —dice Bejarano. Y como la política es un terreno de gladiadores, el que da también recibe.”

Un año después de que tomó posesión, entre golpeteos y buena prensa por los programas, López Obrador ya tenía 65% de opinión favorable en la ciudad y la gente podía distinguir perfectamente entre el proyecto político de Fox y el suyo. Fue el primer peldaño de una escalera de popularidad en ascenso. Según Ortiz Pinchetti, durante ese primer año López Obrador había fincado su fortuna entre la gente más pobre. “Cuando percibió la solidez de sus créditos y su popularidad, decidió moverse hacia el centro. Puso en marcha un ambicioso programa de obra pública para promover la economía capitalina, vincularse con los empresarios y contener a la díscola clase media.”27

Aparentemente, la estrategia dio resultados porque en diciembre de 2003 la aprobación del jefe de Gobierno en la capital llegó a ser de 92%. En el ámbito nacional estaba 20% arriba de cualquier otra persona que aspirara a la Presidencia.28 Y no sólo había adquirido mayor popularidad, sino también logró mayor control político sobre la ciudad. Luego de las elecciones del 3 de julio de ese año, el partido del jefe de Gobierno (PRD) obtuvo la mayoría absoluta en la Asamblea Legislativa y ganó la mayoría de las delegaciones políticas.

Según Bejarano, buena parte de esta popularidad de López Obrador se debía a su gestión territorial, a su conocimiento y control de lo que pasaba en cada cuadrante de la ciudad. “Quién te va a ganar con eso —pregunta— si además le das orientación política, si además incluyes a los jóvenes, combates la corrupción, generas cuadros, formas políticamente, tienes discurso, gozas de credibilidad, promueves el deporte, la cultura, el transporte y te relacionas con los actores.”

Los críticos de López Obrador encontraron distintas maneras de quitarle el lustre. La primera nube política de esta nueva temporada fue el escándalo del Paraje San Juan. Un juez había ordenado al jefe de Gobierno pagar 1 800 millones de pesos al señor Enrique Arcipreste como indemnización por unos terrenos expropiados años antes. López Obrador declaró que no iba a pagar ni un centavo porque se trataba de un fraude.29 En la superficie, el jefe de Gobierno mandaba el mensaje de que estaba por encima de la ley y sus adversarios aprovecharon para presentarlo como un enemigo del Estado de derecho. Sin embargo, una investigación del asunto demostró que, en efecto, se trataba de un fraude y que había una red de corrupción en el aparato judicial: la gente presentaba juicios de indemnización por terrenos apócrifos que los jueces daban por buenos y obligaban a la ciudad a pagar sumas considerables. Al final, la Secretaría de la Reforma Agraria dijo que los terrenos eran suyos y se acabó el asunto, pero los críticos de López Obrador lograron hacer avanzar un alfil en el tablero político.

La revelación de que Nicolás Mollinedo —el chofer de López Obrador— ganaba 60 mil pesos, casi lo mismo que el jefe de Gobierno, nubló de nuevo la popularidad del tabasqueño. ¿Cómo explicar, en medio de las homilías sobre la austeridad republicana, que un chofer que manejaba un Tsuru, el auto más económico del mercado, ganara esa suma de dinero? La razón era que Mollinedo tenía el puesto de jefe de seguridad —con las facultades y responsabilidades del cargo—, manejaba un equipo, coordinaba las giras y se encargaba de todos los aspectos de la protección al funcionario. El tema se convirtió en un asunto recurrente en las entrevistas y, aunque López Obrador hizo un esfuerzo por explicarlo, se fijó como una estampa en muchos capitalinos la idea de que la honestidad del líder tenía dos raseros.

LOS VIIDEOESCÁNDALOS

Nada iba a manchar tanto la reputación de esa administración como la transmisión de unos videos, filmados por el empresario Carlos Ahumada, en los que se mostraba a funcionarios de la capital recibir favores o dinero. Y nada iba a mostrar mejor la incapacidad de López Obrador para la autocrítica que su manera de desviar la atención del caso a la idea del complot político, sin asumir que estaba rodeado por funcionarios corruptos.

La noche del 1º de marzo de 2004, Joaquín López Dóriga de Televisa, el conductor del noticiero con más audiencia, transmitió unos videos en los que se ve al entonces secretario de Finanzas de la Ciudad de México —Gustavo Ponce— sentado frente a una mesa de juegos en Las Vegas. López Dóriga mostró además documentación de 17 viajes de Ponce a esa ciudad. Aunque no era algo ilícito, la imagen del funcionario en un casino contrastaba brutalmente con la retórica de austeridad del régimen, una naranja política a la que López Obrador le había exprimido mucho jugo. El jefe de Gobierno, por ejemplo, había criticado a Fox por crecer el aparato burocrático federal, aumentar los viajes al extranjero e incrementar los salarios de los funcionarios, mientras él presumía de una política en sentido contrario. ¿Qué tenía que decir ahora del comporta- miento de Ponce?

López Obrador cuenta que vio la transmisión desde su casa.30 Lo primero que hizo fue localizar a Ponce por teléfono y hablar con el procurador del Distrito Federal —Bernardo Bátiz— para que procediera penalmente. Ponce le explicó que iba a Las Vegas a visitar a un familiar y luego desapareció. López Obrador tuvo que enfrentar a la mañana siguiente a una opinión pública enardecida.

Dos días después, el diputado panista Federico Döring se presentó en el noticiero de Víctor Trujillo, Brozo. Le entregó un video que mostraba a René Bejarano —secretario particular de López Obrador y uno de los líderes de la nueva Asamblea Legislativa— recibir dinero a manos llenas de parte de una persona cuya cara estaba tapada en el video. Era una escena vergonzosa que adquirió dimensiones letales porque ese mismo día Bejarano estaba en Televisa. Brozo lo mandó llamar a su noticiero para que viera el material incriminatorio y diera explicaciones. Bejarano reconoció que la persona oculta era el empresario Ahumada. Durante los días siguientes aparecieron otros videos que mostraban a otros políticos del PRD recibir dinero del mismo personaje.

Quienes no sabían quién era ese empresario se enteraron durante esos días de que no sólo era el propietario del diario El Independiente, en el que colaboraban connotados periodistas nacionales, sino también tenía una amplia red de amigos en la política, mantenía una relación sentimental con la ex presidenta del PRD —Rosario Robles— y había financiado las campañas de varios políticos del Sol Azteca. Al respecto, escribió Ortiz Pinchetti:

El efecto de las revelaciones fue brutal. En mí destruyó un instante el optimismo. En el proyecto de AMLO significó implosiones y explosiones, en la opinión pública se puso en duda su impecable honradez. El golpe barrió la credibilidad del PRD. […] Confirmó las innumerables advertencias que los enemigos de René Bejarano le habían hecho a AMLO. Puso al jefe de Gobierno bajo la sombra de sospecha, de tolerancia a la corrupción y de ineptitud para escoger a sus gentes o para vigilarlas.31

La reputación del proyecto alternativo estaba por los suelos. López Obrador basó su explicación en la idea de que había sido víctima de un complot y no se salió del guion.32 Él no estaba involucrado en los casos de corrupción y sus colaboradores habían actuado por su cuenta. Según Ortiz Pinchetti, mucha gente cercana le pedía que fuera más allá, que pidiera una disculpa, que obligara a la contralora o al procurador a renunciar, que nombrara un nuevo gabinete, que hiciera una autocrítica sobre cómo había fallado en combatir la corrupción. Pero López Obrador se mantuvo en su línea. En cualquier caso, el gobierno de la Ciudad de México actuó penalmente contra Ponce y Bejarano, entre otros funcionarios que encontraron culpables, y contra Ahumada también.

Este caso de corrupción ha generado una enorme cantidad de papel y tinta. Es interesante que los recuentos posteriores le hayan dado la razón a López Obrador en cuanto al complot. Ahumada publicó en 2009 un libro de memorias lleno de revelaciones escalofriantes sobre la corrupción y el poder en la capital. Reconoció que luego de que Salinas y Fernández de Cevallos supieron de esos videos, orquestaron con conocimiento de la Presidencia de la República la estrategia de darlos a conocer por medio de Televisa. “Mucho se ha elucubrado sobre mis tratos con Salinas de Gortari —escribió Ahumada. Entre otras cosas se llegó a afirmar que yo era su prestanombres […] Nunca lo fui. Se trató simplemente de una relación de conveniencia para ambos.”33

Ahumada había grabado esos y otros videos para poder extorsionar a los funcionarios del partido en caso de que no le quisieran pagar un importante préstamo que había hecho al PRD. Bejarano le había hecho entender a Ahumada que López Obrador le debía favores y que lo podría acercar con él. Pero el jefe de Gobierno no tenía conocimiento de aquello. Ponce también recibía favores de Ahumada y llevaba una vida por encima de su nivel de ingreso, pero era un buen funcionario. Había pedido permiso para viajar los fines de semana con el fin de visitar a una hermana enferma. Hoy un funcionario de la Secretaría de Finanzas que trabajó con Ponce relata que se había dado cuenta de ciertas extravagancias del secretario, pero como López Obrador tenía prohibido que los funcionarios hablaran mal de sus compañeros, para evitar las rencillas típicas de la burocracia, nadie dijo nada al jefe de Gobierno.

López Obrador sí sabía quién era Ahumada y de hecho lo había mantenido a raya. Descubrió que su gobierno le había pagado en exceso a la constructora de Ahumada, lo mismo que algunas delegaciones políticas. A pesar de que su Grupo Quart ganó una de las licitaciones del Segundo Piso del Periférico, López Obrador delaró desierto el concurso. Con todo, el caso Ahumada fue un golpe durísimo contra el jefe de Gobierno. ¿Qué hizo?: convocar a una concentración popular en el Zócalo, establecer contacto con su base de apoyo y enviar un mensaje claro de popularidad a sus enemigos.

LOS SEGUNDOS PISOS

López Obrador protagonizó otros episodios que lastimaron su figura pública. Uno fue la construcción de los segundos pisos del Viaducto y el Periférico, la obra de infraestructura más importante del periodo.

El diagnóstico del gobierno indicaba que ambas vías, construidas en los años cincuenta y sesenta, ya eran insuficientes para contener la cantidad de autos que circulaban. La solución sería agregarle un segundo piso. Dos grupos principalmente se resistieron al proyecto: los vecinos y los colectivos progresistas, que pensaban que un gobierno de izquierda debía invertir más en mejorar la red de transporte público. López Obrador decidió legitimar el proyecto por medio de la consulta popular. Primero, se hizo una consulta telefónica, que resultó favorable al proyecto, pero los opositores cuestionaron la baja participación de la gente y la poca información que ofreció el Gobierno para tomar la decisión; pidieron un plebiscito, que requeriría 65 mil firmas ciudadanas y la participación de dos millones de electores inscritos en el padrón electoral.34 Celebrado el 22 de septiembre de 2002, el plebiscito finalmente resultó favorable a la construcción de los segundos pisos con una aprobación de 65%. Sin embargo, la participación fue sumamente baja (apenas de 6.6% de la lista nominal), con lo que no obtuvo el carácter vinculante según los términos establecidos.35

La obra se llevó a cabo de cualquier manera y cada tramo inaugurado era motivo de fiestas. López Obrador invitaba a la gente a pasearse por los carriles vacíos y luego se hacía fotografiar rodeado de empresarios y otras personalidades.

La construcción de los segundos pisos también fue cuestionada por la falta de claridad en el gasto. En diciembre de 2001 se creó el Fideicomiso para el Mejoramiento de las Vías de Comunicación del Distrito Federal (Fimevic), órgano encargado de desarrollar y canalizar recursos fiscales a los principales proyectos de infraestructura. Bajo la supervisión de Claudia Sheinbaum Pardo, secretaria de Medio Ambiente, éste sería el principal responsable de la obra de los segundos pisos en sus distintas etapas. El Fimevic fue objeto de numerosas auditorías, hasta que en 2004 su director —Rodrigo Rey— emitió un decreto que restringía el acceso de información sobre contratos, convenios, licitaciones, cuentas por liquidar, así como datos sobre adquisiciones o auditorías practicadas al fideicomiso.36

La Asamblea Legislativa y la opinión pública protestaron por esta cerrazón y el jefe de Gobierno publicó un decreto de desclasificación de los datos en 2005. Hoy, gran parte de las convocatorias de licitación y contratos está disponible al público mediante el por- tal del Fimevic y no hay evidencia de malversación de fondos.37

Pero la crítica más profunda a los segundos pisos vino de los urbanistas. Bernardo Baranda, director del Instituto de Políticas para el Transporte y Desarrollo, alega que los segundos pisos perpetuaron la visión de la ciudad para el automóvil, además de destinar recursos de todos para beneficiar a una minoría. Han tenido también un impacto negativo en las zonas que los rodean, porque se crean espacios urbanos desolados y bajo sombras. Añade: “Creo que fue una decisión que a la larga tampoco solucionó el problema del tráfico, porque se volvieron a llenar de autos”.

La transparencia fue un asunto siempre polémico durante el sexenio de López Obrador. En 2001 se presentó en la Asamblea Legislativa una Ley de Acceso a la Información Pública en el Distrito Federal que fue aprobada hasta marzo de 2003 con el voto en contra de los asambleístas del PRD. El Instituto de Transparencia, Acceso a la Información Pública, Protección de Datos Personales y Rendición de Cuentas (InfoDF), creado por esta ley, era un órgano que tenía un consejo con una composición complicada. Estaba conformado por 15 integrantes; sólo tres de ellos eran ciudadanos, el resto los nombraban distintas entidades, como la Comisión de Derechos Humanos o el Tribunal Superior de Justicia. Tres representantes le correspondían al gobierno capitalino y tres a la Asamblea Legislativa. En 2003 el consejo no se pudo integrar porque López Obrador se negó a nombrar a sus representantes, aduciendo ilegalidad en los nombramientos de los consejeros ciudadanos. Su gobierno interpuso una controversia constitucional. La Corte finalmente se decantó por el Asamblea Legislativa, pero el proceso se retrasó varios meses. Durante los siguientes dos años la vida de InfoDF fue caótica y se convirtió en un pequeño escenario de las tensiones del sexenio.

“Durante todo este tiempo la prensa reportó una serie de irregularidades —escribe Alejandra Lajous. La situación llegó a tal grado que, el 10 de marzo de 2005, el consejero nombrado por el Instituto Federal Electoral, Javier Santiago Castillo, solicitó a su instituto hacer el vacío en el Consejo de Información.”38 Confiesa Ortiz Pinchetti que López Obrador veía todo esto como la imposición de una burocracia excesiva, a la que no le tenía ningún aprecio.

LA MARCHA DE BLANCO

En 2004, el mismo año de los videoescándalos y de la aceleración del proceso del desafuero, una ola de secuestros azotó a la Ciudad de México y algunos de ellos se convirtieron en casos muy sonados. El 17 de abril secuestraron a los jóvenes Vicente y Sebastián Moreno Gutiérrez; sus cadáveres aparecieron una semana después en el Estado de México. El 26 de mayo secuestraron a Lizbeth Salinas Maciel; la encontraron muerta, con el cráneo fracturado. En junio, una señora de clase media alta fue asesinada en el estacionamiento del centro comercial Perisur. Todos estos hechos despertaron una protesta que desembocó en una marcha.

López Obrador y su gabinete la leyeron como un nuevo intento de desestabilizar su gobierno. “Un consejo ciudadano que apareció espontáneamente, compuesto por personajes identificados con el ala más conservadora del pan, convocó a una manifestación el 27 de junio. Aunque no pretendía atacar expresamente al gobierno capitalino, era indudable su intención de demeritar los esfuerzos logra- dos en seguridad pública y afianzar la idea de que éstos fracasaban”, escribió Ortiz Pinchetti.39

María Elena Morera, quien entonces representaba a la organización México Unido contra la Delincuencia, recuerda las circunstancias en las que se organizó esa manifestación. Dice que México Unido tenía ya registrados muchos casos de secuestros. Como la organización tenía visibilidad, se acercaron a ella tanto los familiares de los muchachos asesinados como los de la chica que apareció muerta y fue por eso que convocaron a la marcha. Luego de que apareció la convocatoria, numerosas organizaciones que Morera no conocía se sumaron a la lista. “En esa época casi no había organizaciones en contra de la inseguridad —dice Morera. Había organizaciones de derechos humanos que no eran tan cercanas a nosotros, había algunas más bien mantenidas por los grupos empresariales en el Estado de México. Nos juntamos e hicimos la marcha.”

La convocatoria fue muy exitosa. Concurrieron cientos de miles de personas; era la primera vez que muchas de ellas se manifestaban en las calles. “Ni Fox ni López Obrador asistieron a la marcha —escribe Alejandra Lajous. A posteriori, viendo el resultado, el presidente trató de montarse en ella, de ordeñarla, de ubicarse como su patrocinador, en tanto que AMLO intentó minimizarla, descalificarla, presentarse como su víctima.”40

Morera recuerda que le llamó el secretario federal de Seguridad Pública, Ramón Martín Huerta, y muchos gobernadores también los recibieron, pero no López Obrador, hasta que una vocera de la marcha dijo en el programa de Ciro Gómez Leyva en el Canal 40 que se habían entrevistado con todos menos con el jefe de Gobierno. López Obrador llamó más tarde al programa. Dijo que él no se iba a reunir con ninguno de ellos porque eran unos pirrurris. Denunció que la manifestación había sido organizada en realidad por Salinas de Gortari. La única persona con la que sí se había reunido, dijo, era María Elena Morera. “Yo estaba viendo la televisión, y yo no lo podía creer, yo en mi vida había visto a Andrés Manuel —dice Morera. Entonces me habla Ciro y me dice: ‘oye ¿que ya te reuniste con Andrés Manuel?’ Y le digo: ‘no, no me he reunido con él, pero no lo digas al aire, porque me acaba de hablar Alejandro Encinas para decirme que quiere que me reúna con él a discutir’.”

López Obrador fue muy criticado por la lectura que hizo de la marcha. Confesó después: “Me equivoqué […] en la forma en que expliqué mi posición frente a la marcha contra la inseguridad pública. La había organizado México Unido contra la Delincuencia, una organización claramente ligada a la derecha y en contra mía. […] Pero yo no actué bien, no debí enojarme y, con mi actitud, les di motivos para atacarme y mostrarme como alguien intolerante”.41 Pero el animal que debía darle el zarpazo definitivo se despertó unos meses después y tomó la forma del juicio de desafuero. Debido a un asunto menor, López Obrador debía ser suspendido como jefe de Gobierno, juzgado y sentenciado. El cálculo político era que no podía ser candidato a la Presidencia en estas circunstancias. El escándalo duró casi un año y mantuvo en vilo a la opinión pública. Gracias a la astucia de López Obrador y a la torpeza de Fox, sin embargo, el jefe de Gobierno salió increíblemente fortalecido. El discurso de López Obrador en la Cámara de Diputados el 7 de abril y la marcha del 24 del mismo mes tal vez sean los momentos más brillantes en la historia política del tabasqueño. Estos episodios anteceden su renuncia a la jefatura de Gobierno y su lanzamiento como candidato a la Presidencia en 2005.

LECCIONES DEL PASADO

En cambio, la estatura política de López Obrador se disminuyó considerablemente debido a su reacción a una derrota por un mínimo margen en la contienda presidencial de 2006, con sus largas protestas, la toma masiva del Paseo de la Reforma por sus simpatizantes y su creación teatral de un “gobierno legítimo”. El líder ya no pudo hacerse de una mística similar y encantar de la misma manera a la gente con la manipulación de los símbolos juaristas y sus ideas de avance social. La memoria pública de las acciones del tabasqueño en la segunda mitad de 2006 sin duda le costó votos en las elecciones de 2012, cuando su margen de derrota, frente a Enrique Peña Nieto, fue mucho mayor.

Pero hoy han pasado 12 años y López Obrador parece recuperado. No obstante, algunos temas se reciclan: la comparación de López Obrador con Hugo Chávez y la reiteración de su talante autoritario e intolerante, por el lado de sus detractores; por el lado de los seguidores, la misma esperanza de que el candidato sea, en efecto, una alternativa a un sistema que cada vez se siente más corrupto y oligárquico, luego de cinco años de gobierno priista cuyo signo fue el desfalco y la violencia.

El propio López Obrador parece estar muy atento a las lecciones del pasado. Para desquitarse de su fama antiempresarial, se ha hecho rodear de Alfonso Romo, un empresario de Monterrey, uno de los personajes señalados por él mismo en su libro Fobaproa: expediente abierto como beneficiado por el rescate bancario. Romo apoyaba al presidente Fox, pero desde hace unos años ha defendido públicamente a López Obrador. Desde 2017 es la figura más visible en la elaboración del “proyecto de nación” de su nuevo partido Morena. En una entrevista al periódico El País, Romo declaró: “[México] necesita un hombre con una autoridad moral, no un líder callejero ni populista. [López Obrador] no es un líder populista”.42

Otros empresarios han mostrado su apoyo al tabasqueño: Esteban Moctezuma, secretario de Gobernación en el sexenio de Zedillo y presidente de la Fundación Azteca de Ricardo Salinas Pliego, ha sido presentado como futuro secretario de Educación en el gabinete de López Obrador, y Marcos Fastlicht, suegro de Emilio Azcárraga Jean de Televisa, apareció como parte del gabinete de seguridad. Para sacudirse su fama de sectario, que divide el mundo en bue- nos y malos, en gente honesta y deshonesta, López Obrador ha presentado un gabinete plural, proveniente de distintas áreas del quehacer político y que ha expresado incluso ideas contrarias a las del líder. Ha hecho alianzas que parecen extrañas y marginan a sus seguidores más progresistas, como la que hizo con el partido Encuentro Social, el cual representa un sector evangélico y muy conservador. También han aparecido en la escena exfutbolistas y celebridades menores, familiares de políticos corruptos, como el nieto de Elba Esther Gordillo, e incluso enemigos acérrimos del pasado, como la panista Gabriela Cuevas, que se han unido a las filas de Morena o le han ofrecido un ramo de olivo al candidato, al declarar que ya no es un peligro para México.

Como señalan los historiadores Carlos Bravo Regidor y Patrick Iber, es probable que, si gana, decepcione a algunos de sus fieles seguidores y sorprenda a algunos de sus detractores: “El asunto real, quizá, es que los mayores problemas de México —la desigualdad masiva junto con el devastador crimen y la violencia— no pueden ser resueltos nada más por su sistema político. En esto, México no está solo. Es apenas una cara del gran problema de nuestros tiempos, mientras las presiones oligárquicas desplazan las democráticas. El eslogan de Morena es ‘La esperanza de México’ y los mexicanos se la merecen desesperadamente. Pero ¿qué viene después de la esperanza?”.43

En la Ciudad de México, entre 2000 y 2005, López Obrador intentó en efecto poner en marcha un proyecto alternativo, basado en una política de austeridad que le permitió canalizar recursos a favor de los programas sociales. Un aspecto interesante de estos programas fue la división territorial de la capital con su diagnóstico sobre el grado de marginación, la universalidad de algunas políticas y la atención a grupos socialmente excluidos, como las madres solteras o los ancianos. Su gestión fue responsable financieramente y ambiciosa en su programa de obra pública, pero en su afán de distinguirse de sus “enemigos”, politizó la gestión y gobernó movilizando. Y se victimizó en sus pérdidas. El jefe de Gobierno fue un gran manipulador de símbolos y un mitógrafo, es decir, un coleccionista de mitos históricos sobre el juarismo, la Revolución mexicana y el cardenismo. Así que su llegada a la Presidencia, si es que la logra, sería también la culminación de una épica política.

BIBLIOGRAFÍA SELECTIVA

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, Fobaproa: expediente abierto, Grijalbo, México, 1999.
, Un proyecto alternativo de nación, Grijalbo, México, 2004.
, La mafia nos robó la Presidencia, Grijalbo, México, 2007. Ortiz Pinchetti, José Agustín, Las claves de López Obrador, Granados
Chapa Editores, México, 2006.
Patán, Julio, El libro negro de la izquierda mexicana, Planeta, México, 2012.
Sánchez Susarrey, Jaime, Un proyecto irresponsable de nación, Diana, México, 2006.
Trelles Alejandro y Héctor Zagal, AMLO: historia política y personal del jefe de Gobierno del D . F ., Plaza y Janés, México, 2004.

NOTAS

1 Estudió periodismo en la Universidad de Columbia. Es director de Horizonal .
2 “El prisionero de Los Pinos”, Proceso, núm. 1485, 17 de abril de 2005.
3 “Desafuero comprado”, Proceso, núm. 1483, 3 de abril de 2005.
4 Andrés Manuel López Obrador, La mafia nos robó la Presidencia, Grijalbo, México, 2007, p. 168.
5 López Obrador, La mafia…, op . cit ., p. 172.
6 José Agustín Ortiz Pinchetti, Las claves de López Obrador, Granados Chapa Editores, México, 2006, p. 402.
7 López Obrador, La mafia…, op . cit ., p. 176.
8 Ortiz Pinchetti, Las claves…, op . cit ., pp. 371-373.
9 Denise Dresser, “Bomba desactivada”, Proceso, núm. 1487, 1º de mayo de 2005.

10 Las memorias más entretenidas son de su primer secretario de Gobierno, José Agustín Ortiz Pinchetti: Las claves de López Obrador…, op . cit ., y del empresario Carlos Ahumada: Derecho de réplica, Grijalbo, México, 2009. El segundo revela la cañería de la corrupción de la ciudad; confirma el acuerdo que había entre Carlos Salinas, Diego Fernández de Cevallos y el presidente Fox para desacreditar a López Obrador, y deja muy mal parado al prd, así como a funcionarios cercanos a López Obrador.
11 El historiador Enrique Krauze publicó “El mesías tropical”, el ensayo más influyente en contra de López Obrador, en Letras Libres (30 de junio de 2006); a esta tradición pertenecen Luis González de Alba, AMLO: la construcción de un liderazgo fascinante, Cal y Arena, México, 2007, y Julio Patán, El libro negro de la izquierda mexicana, Planeta, México, 2012. La biografía de George W. Grayson, Mesías mexicano (Grijalbo, México, 2006) lleva la metáfora del mesías a sus últimas consecuencias. Jaime Sánchez Susarrey en Un proyecto irresponsable de nación (Diana, 2006) desacredita punto por punto el programa político de López Obrador. Una fuente indispensable sobre las intrigas, la polarización social y los enfrentamientos políticos entre 2003 y 2005 es Alejandra Lajous, AMLO: entre la atracción y el temor, Océano, México, 2006.
12 Los académicos Alejandro Trelles y Héctor Zagal, en AMLO: historia política y personal del jefe de Gobierno del D .F . (Plaza y Janés, México, 2004), hablan de un político pragmático, pero cuestionan los resultados de muchas de sus políticas públicas. Por el lado positivo, para su libro ¿Y quién es? Historia de un hombre enigmático (Planeta, México, 2005), la periodista Blanca Gómez pudo conversar con López Obrador en varias ocasiones y hacer extensas entrevistas con colaboradores cercanos; bajo esta luz, López Obrador aparece como un hombre astuto y carismático, un defensor de los pobres y un izquierdista moderado.
13 Los primeros pasos: Tabasco, 1810-1867, Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, Villahermosa, 1986, y Del esplendor a la sombra: Tabasco, 1867-1876, Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, Villahermosa, 1988.
14 El debate está disponible en <www.youtube.com/watch?v=VN- 6d099r5Ys>.
15 Ortiz Pinchetti, Las claves…, op . cit ., p. 193.
16 Ortiz Pinchetti, Las claves…, op . cit ., p. 204.

17 “Listo, el ejército tabasqueño de la ‘honestidad valiente’. Augurio para el D.F.: recortes al gasto, pero ‘sin crisis’”, Proceso, núm. 1258, 10 de diciembre de 2000, p. 40.
18 Compárese el informe de la deuda pública correspondiente al cuarto trimestre de 2000 (p. 42) con el del cuarto trimestre de 2006 (p. 79); ambos informes están disponibles en <http://finanzaspu blicas.hacienda.gob.mx/work/models/Finanzas_Publicas/docs/ congreso/infotrim/2000/ivt/01inf/itindp_200004.pdf> y <http:// finanzaspublicas.hacienda.gob.mx/work/models/Finanzas_Publi cas/docs/congreso/infotrim/2006/ivt/01inf/itindp_ 200604.pdf>.
19 Véase el informe de la Secretaría de Finanzas del Distrito Federal acerca de la deuda en esta entidad publicado el 20 de abril de 2006, disponible en <https://data.finanzas.cdmx.gob.mx/documentos/ seminario_deuda_20_04_06.pdf>.
20 López Obrador, La mafia…, op . cit ., p. 119.
21 Arturo Alvarado Mendoza, El tamaño del infierno . Un estudio sobre la criminalidad en la zona metropolitana de la Ciudad de México, El Colegio de México, México, 2012, p. 378.
22 Ibidem, p. 379.
23 Eduardo Sojo,“¿Quién tiene la razón sobre la gestión de AMLO en materia de seguridad?”, El Financiero, 18 de enero de 2018, disponible en <http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/eduardo-sojo/ quien-tiene-la-razon-sobre-la-gestion-de-amlo-en-materia-de- seguridad>.
24 Andrew Paxman, “El filantrocapitalista de la capital”, Chilango, marzo de 2017.
25 Ortiz Pinchetti, Las claves…, op . cit ., p. 194.
26 López Obrador, La mafia…, op . cit ., p. 112.
27 Ortiz Pinchetti, Las claves…, op . cit ., p. 259.
28 Ibidem, p. 302.
29 Agustín Salgado y Gustavo Castillo, “Caso Paraje San Juan: des- carta el gdf indemnizar a Arcipreste”, La Jornada, 26 de febrero de 2005.
30 López Obrador, La mafia…, op . cit ., p. 155.
31 Ortiz Pinchetti, Las claves…, op . cit ., p. 326.
32 López Obrador, La mafia…, op . cit ., p. 144.
33 Carlos Ahumada, Derecho de réplica…, op . cit ., p. 134.
34 “Cada quien por su vía, en debate”, La Jornada, 1º de febrero de 2002.

35 Instituto Electoral del Distrito Federal, Base . Plebiscito 2002, 2002, anexos 1 y 3, pp. 9 y 11, disponible en <www.iedf.org.mx/secciones/ elecciones/estadisticas/2002p/Plebiscito2002.pdf>.
36 Lajous, AMLO…, op . cit ., p. 37.
37 El sitio está disponible en <www.fimevic.df.gob.mx/index.htm>.
38 Lajous, AMLO…, op . cit ., p. 41.
39 Ortiz Pinchetti, Las claves…, op . cit ., p. 346.
40 Lajous, AMLO…, op . cit ., p. 147.
41 López Obrador, La mafia…, op . cit ., p. 103.
42 Javier Lafuente, “Alfonso Romo: ‘Hay que construir México, no perseguir a la gente’”, El País, 27 de febrero de 2017, disponi- ble en <https://elpais.com/internacional/2017/02/26/mexico/ 1488132885_376297.html>. Véase también el “Proyecto de Nación 2018-2024”, disponible en <http://proyecto18.mx>.
43 Carlos Bravo Regidor y Patrick Iber, “A New Hope for Mexico?”, Dissent, primavera de 2018, trad. del autor, disponible en <www. dissentmagazine.org/article/mexico-elections-andres-manuel- lopez-obrador-amlo>.

 


Publicado con autorización de la editorial Grijalbo. 

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