Caravana migrante: hacer buen periodismo entre ‘fake news’

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18 de octubre, 2018. Los miles de migrantes de cara al río Suchiate, la frontera entre Guatemala y México.

Han pasado cuarenta días desde que la primera caravana masiva de migrantes centroamericanos cruzó la frontera entre Guatemala y México, con la intención de llegar a Estados Unidos y solicitar asilo o refugio. Ahora están en Tijuana, la frontera con California.

“La diferencia es que ahora no hay trayecto, hay un muro”, dice en entrevista Alberto Pradilla, uno de los periodistas que ha reporteado a los largo de 4,000 kilómetros que hay entre el sur y el norte mexicano. El mismo camino ha hecho el fotoperiodista Simone Dalmasso. Ambos publican en el sitio de noticias guatemalteco Plaza Pública.

Plaza Pública es un medio de crónica, con textos más reposados, y eso ha permitido a Pradilla poder contar el éxodo masivo de migrantes con más detalles, sin la urgencia de las noticias de último momento, pero con las mismas horas de reporteo: empezar al amanecer, dormir hasta entrada la madrugada.

Durante los primeros días de la cobertura, a mediados de octubre pasado, escribía una crónica diaria, ahora es una cada tercer día, en promedio. Escribió “El hambre no teme a Trump” un día antes de que unos 6,000 migrantes centroamericanos, muchos de ellos mujeres y niños, atravesaran el cerco en la frontera sur de México. Luego contó sobre el día del cruce en el río Suchiate, cuando policías mexicanos lanzaron gas lacrimógeno. Y más recientemente sobre el intento de algunos migrantes de ir más allá del muro entre Tijuana y California, donde fueron atacados, nuevamente, con gases lacrimógenos por agentes de Estados Unidos.

En el camino, la sociedad mexicana se ha polarizado: unos han ayudado con comida, ropa, zapatos, agua; otros han realizado protestas contra los migrantes y han circulado a través de redes sociales y aplicaciones de mensajerías fotografías o historias que incendian más el racismo y la xenofobia.

En términos periodísticos, Pradilla dice que un gran giro en la cobertura se dio cuando la caravana llegó a Ciudad de México. “Hubo una hiperexposición mediática, compañeros recién aterrizado que no respetaban los tiempos, que plantaban la cámara en la cara de la gente o los retrataban en lugares íntimos. Se espectacularizó bastante, aunque era obvio que iba a ocurrir”.

A partir de eso, la Comisión Nacional de Derechos Humanos decidió que el acceso al albergue sería más limitado, pero Pradilla se pregunta qué hizo esa misma dependencia cuando los albergues están en condiciones deficientes o dónde estaba cuando al menos 1,700 migrantes fueron engañados en Chiapas y llevados a un centro de detención en  Tapachula.

La cobertura de la caravana migrante nuevamente ha mostrado qué tan grande es la responsabilidad de los medios de comunicación y su alcance.

Una mujer de nacionalidad hondureña, con una hija sordomuda, probablemente es ahora la cara más conocida de las personas que buscan cruzar a Estados Unidos: un video con al menos 20 millones de reproducciones en Facebook la muestra diciendo que no le gustan los frijoles mexicanos. Sin contexto. Es solo un inserto de 21 segundos que transmitió la televisora alemana Deutsche Welle. Después de esto la llaman “Frijolera”, “Lady Frijoles”.

Los mismos migrantes hondureños la corrieron del albergue donde estaba en Tijuana por las consecuencias que todos han sufrido. Y su hija ha sido acosada con burlas, dijo días después la señora Miriam Celaya a la reportera Ana Gabriela Rojas de BBC Mundo, y pidió perdón por su comentario. Celaya le dijo a la periodista que cuando la entrevistaron para la televisora alemana, ella estaba ofuscada porque uno de los chicos que repartía la comida en el albergue “intentó forzar” a su hija a que se comiera los frijoles, aunque estaba enferma del estómago. El mismo reportero de la DW, Aitor Saez, dijo a la BBC que no esperaba las reacciones racistas y que la declaración de la mujer estaba sacada de contexto.

Pero nada de eso ha revertido las protestas y los reclamos, hasta un grupo norteño de Tijuana ya le compuso una cumbia por el “desagravio”.

Pradilla cuenta que en Mexicali, otras de las ciudades de Baja California que hacen frontera con Estados Unidos, el presentador de una televisora local habló durante 1.30 minutos de cómo los migrantes tomaban tequila, dejaban basura y eran desagradecidos. Pero por esos mismos días, la periodista Paula Mónaco Felipe contaba cómo los ha visto limpiando.

 

Son las fake news de la caravana, dice Pradilla.

  • “Hay 90 por ciento de hombres: es mentira”.
  • Han pegado a policías: es mentira“.
  • “Van a tomar Tijuana: es mentira. Cuando mucho hay unos 15 mil entrarán a México”.

Animal Político publicó hace días cómo circulan en redes fotografías manipuladas de migrantes que supuestamente han tirado ropa donada por mexicanos. Esas imágenes falsas y son de algo que sucedió en España.

Hay mentiras y también hay mucha desinformación, señala el periodista vasco, quien ha cubierto la guerra de Libia y la crisis migratoria en Siria. Aprovechando que ha reporteado las migraciones en otros países, preguntamos a Pradilla qué es lo que ve diferente. “Una caravana así yo la he visto en contextos de guerra; el problema es que aquí en la gente se marcha porque está harta”, dice Pradilla.

“Los migrantes de la caravana no detestan su país, detestan su gobierno, las condiciones civiles a las que los están sometiendo. Tienen que pagar el impuesto de guerra a las pandillas, cobrar pocos jornales por muchas horas en el campo, ¿y cuántas veces al día se tiene que alimentar una familia?”.

El periodismo narrativo, dice, le ha permitido pasar más tiempo con esas familias para escuchar sus historias y seguirlas, porque la cobertura, añade, no termina en Tijuana y hay que seguirle el rastro: ¿se quedaron en Tijuana?, ¿consiguieron cruzar a Estados Unidos?, ¿siguen en un centro de detención?, ¿volvieron a su país? Todo esto hay que contarlo.

Las historias de Pie de Página: más allá de lo mediático

Otro de los medios que han dado cobertura al tema migratorio en México y Centroamérica con otra mirada es Pie de Página, el grupo de periodistas especializados en derechos humanos tiene un micrositio que se llama En el Camino y distribuye en albergues para migrantes de todo el país una versión en papel. Sus investigaciones sobre migración vienen de cinco años atrás.

Una de las reporteras especializadas es Ángeles Mariscal, ella publica en Pie de Página, Chiapas Paralelo y Aristegui Noticias. Durante el paso de la caravana por Chiapas, al sur de México y frontera con Guatemala, quedó impactada por la cantidad de gente, sobre todo por el número de niños.

Mariscal dice que el reto que plantean estos desplazamientos forzados para los periodistas es “repensar una y otra vez la región”, entenderla más allá de la pobreza y la violencia.

“Para mí un desplazamiento forzado que tiene que ver con intereses económicos. Tenemos que ir atando todo lo que hemos investigando todos estos años y que está relacionado con políticas extractivistas, donde hay gente que deja sus comunidades porque están abriendo minas o son expulsadas por proyectos de agua, o turísticos”, explica Mariscal.

Algo más que se suma, dice la reportera, es la persecución política creciente en países como Honduras.

Rodrigo Soberanes también colabora en Pie de Página. Trabaja desde hace años en el tema de migración en Centroamérica y Chile, es fundador del sitio Ruta-35 y coprodujo los documentales Frontera Norte y Frontera Sur para la cadena estadounidense NatGeo. Junto al fotoperiodista Javier García ha hecho parte del recorrido con los migrantes de la caravana.

“Lo que nos toca a nosotros como reporteros es descubrir qué es lo que hay dentro de ese tsunami y las historias más mediáticas, nos toca ver todo lo que ese tsunami va arrastrando abajo, los pequeños detalles que nos permitan hilar una historia y que nos expliquen por qué”, dice Soberanes.

Y comparte algo: “Es muy bueno que cuando están gestándose cosas se puedan identificar los temas de coyuntura, investigarlos y tener paciencia. Quizá en algún momento no tienen tanta repercusión. Por ejemplo, en el proyecto periodístico de En el camino, habíamos hecho reportajes de gente que había pedido asilo en Estados Unidos, pero que los deportaron a Honduras y al regreso los mataron porque en verdad estaban en peligro. Otro fue el de la pobreza y otro el de los niños, qué pasa con ellos, qué peligros corren y por qué se van. En este momento todas estas historias volvieron a cobrar sentido y ayudan a entender qué es lo que está sucediendo”.

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