El caso de David Furst en el NYT: maltrato, control y marginación a mujeres

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David Furst era el editor de fotografía internacional de The New York Times hasta hace unos meses, cuando dejó el cargo en medio de quejas por los malos tratos a  compañeros de redacción y colegas freelance.

Llegó en el año 2010, después de trabajar durante casi una década como fotógrafo en Medio Oriente y “rápidamente se distinguió”, escribió la periodista Kristen Chick en un  reportaje especial de CJR para el que entrevistó a cerca de 40 personas.

Furst supervisó coberturas que ganaron un Pulitzer durante cuatro años seguidos, supervisó los trabajos premiados en el George Polk, el World Press Photo y muchos otros más, justo en un momento en que The New York Times “estaba aumentando su énfasis en el periodismo visual”.

Su prestigio es una de las razones por las que algunas de las personas entrevistadas por Chick consideran que los directivos del diario toleraron el maltrato a sus colegas.

De acuerdo con el reportaje de Chick, las quejas comenzaron a llegar a recursos humanos en 2017 y un año más tarde, en 2018, la editora gerente asociada Charlotte Behrendt inició una investigación que duró unos cuantos meses sin que pasara mucho. Furst siguió con su trabajo, pero no recibió un ascenso como director de foto.

Luego vinieron más quejas y Behrendt inició una segunda investigación. A finales de marzo del 2021, las cuentas de Furst en Slack y su correo electrónico se desactivaron.

El 6 de abril del 2021, Meaghan Looram, directora de fotografía del Times, anunció en una reunión de personal realizada a través de Google Hangouts que Furst ya no trabajaba para el Times después de haber hecho una investigación sobre el trato que daban a sus compañeros y a los colaboradores freelance. Y el editor Michael Slackman del despacho internacional dijo más o menos lo mismo. Según el reportaje, se disculpó con los editores de foto “por no estar al tanto de las tensiones bajo las que estaban trabajando”.

¿Por qué su partida tardó tanto?, se preguntaron algunas de las personas entrevistadas por Chick.

“Para muchos, el alivio (de que Furst se fuera) se vio atenuado por la preocupación por la falta de transparencia y el enojo de que el periódico tardara tanto en tomar medidas sobre un problema que durante mucho tiempo había sido visible para ellos”, escribió.

“No es el único que se comporta mal”

Un ex trabajador de The New York Times que antes se había quejado del trato de Furst en recursos humanos dijo que “no es el único que se comporta mal”. “Aquí se acepta el mensaje que envió al resto de la empresa de mal comportamiento. Hay otras personas que operan de manera muy parecida a él”.

La vocera del Times, Danielle Rhoades Ha, se negó a responder las preguntas específicas sobre la partida de Furst y las investigaciones del Times sobre él, dijo Chick.

El diario no ha declarado públicamente nada sobre la partida de su editor; Furst no respondió a las solicitudes de entrevistas enviadas por correo electrónico, mensaje de texto y correo de voz por parte de Chick.

Un patrón para marginar a las mujeres

En las conversaciones de Chick con casi 40 personas, incluidos empleados de The New York Times, ex trabajadores y freelance, una lista de quejas contra Furst son algunas de las siguientes: controlador, abuso verbal, gritos, menosprecio a la gente y demandas “irrazonables a los freelance”, como exclusividad, demostración de lealtad.

Muchas de las quejas provienen de mujeres, de acuerdo con el reportaje.

Algunas fotógrafas dijeron que con Furst se sintieron discriminadas, marginadas y presionadas.

La mayoría de las personas entrevistadas en el reportaje no quisieron ser nombradas “por temor a dañar sus prospectos con la publicación más poderosa de la industria”, escribió Chick.

Cuatro fotoperiodistas con experiencia que trabajaron regularmente con Furst describieron sentirse mal cuando vieron aparecer su nombre o número en el identificador de llamadas de sus teléfonos. “Tendría que respirar hondo y pensar: ‘Está bien, puedo hacer esto de nuevo'”, dijo Andrea Bruce, miembro de la agencia de fotografía NOOR que trabajó con Furst durante unos siete años y ahora está basada en la Ciudad de México.

“A veces era cálido y amistoso, dice ella, pero luego, inesperadamente, podía volverse hostil”, le dijo. Furst la culpaba de cualquier cosa que saliera mal, “incluidos sus propios errores”.

En medio de sus vacaciones en diciembre de 2014, Furst la llamó para que fuera a Guantánamo “mañana”. Ella dejó la celebración familiar y se apresuró a llegar a Guantánamo, incluyendo un viaje sentada en el piso de un autobús durante 14 horas. Cuando llegó, vio que la historia ya se había publicado. “No hubo disculpas, ni siquiera reconocimiento de nada de lo que había sucedido”, dijo ella en el reportaje. De todos modos le mandó fotos que había tomado a Furst y este dijo: “Tus fotos apestan (your pictures suck). No sé qué estás haciendo allí”. Finalmente el Times las publicó.

De acuerdo con Bruce, Furst tenía conversaciones con ella del tipo: “¿Sabes lo afortunada que eres de trabajar para mí? ¿Y sabes cuántas personas matarían por que las llame como te estoy llamando ahora mismo?”.

“A Bruce le gustaba mucho trabajar para The New York Times y sabía que para continuar tendría que aguantar el comportamiento de Furst”.

Quince fotógrafos y siete editores contaron historias similares a las de Bruce, decían que Furst era caprichoso, con frecuencia les recordaba el poder que tenía sobre ellos y les gritaba, a veces colgando en medio de la llamada.

Un ex editor de fotografías del Times que trabajó con Furst durante varios años dice que le dio instrucciones para que gritara a los fotógrafos. Pero se escondía en las salas de conferencias para no tener que hacer eso con sus colegas.

Una vez Furst le habría dicho que le gritara a un fotógrafo que cubría un conflicto que, según Furst, no estaba presentando lo suficiente. El ex editor le respondió que no tenía que gritar, y que además era muy impactante porque esa persona estaba en una zona de conflicto.

Otros varios fotógrafos contactados por la periodista de CJR dijeron que no tenían problemas con el trabajo de Furst. “Aunque puede ser un editor exigente, no siento que me haya maltratado”, escribió la fotoperiodista Nadia Shira Cohen en un correo electrónico, y agregó que en los últimos años no había trabajado a menudo directamente con Furst. Otros dos fotógrafos que no quisieron ser identificados dieron relatos similares, uno dijo que Furst la apoyó cuando expresó su preocupación por su seguridad en la asignación.

Bruce, que nunca fue contactada por Behrendt durante la investigación, dijo que Furst le pidió lealtad y no podía trabajar para otras publicaciones, sin embargo no le dio trabajo de manera frecuente, dijo que sobrevivió algunos años con el dinero de los premios que ganó.

Un fotógrafo independiente que ha trabajado para el Times durante unos ocho años estaba en una asignación para el periódico en 2017 cuando Furst lo sacó de la historia. “Dejó bastante claro en las llamadas telefónicas que… debería apreciar el trabajo que estaba obteniendo, porque él sabía que trabajaba para otras publicaciones con frecuencia, o publicaciones de la competencia”, dijo. Dejó de trabajar para otras publicaciones y ahora trabaja casi exclusivamente para el Times, sin ninguna garantía de cuánto trabajo obtendrá.

En 2017 alrededor del 19.5% de las asignaciones de fotografías de la oficina internacional del NYT fueron para mujeres

Tasneem Alsultan, una fotoperiodista en Arabia Saudita, comenzó a trabajar para el Times a fines de 2017, cuando el rey Salmán anunció que el reino levantaría la prohibición de que las mujeres conduzcan el año siguiente. La primera vez que Furst le llamó, ella estaba en conversaciones con Alice Gabriner, quien era la editora de fotografía internacional de la revista Time. Furst quería comisionarla, dijo Alsultan, diciéndole: “Este es el comienzo de tu carrera” y prometiendo ser su mentor. Cuando ella le dijo que planeaba publicar trabajos anteriores en Time, su respuesta fue clara: “De ninguna manera. Vas a llamarlos y decirles que no… Para que quede claro, no vas a trabajar con nadie más. Así es como me vas a demostrar que estás comprometida”.

Gabriner dijo que se sorprendió al saber que Furst estaba restringiendo a Alsultan de publicar el trabajo que había completado antes de que comenzara su relación con el Times.

Alsultan contó que llamó o envió correos electrónicos a Furst varias veces cuando recibió consultas de otros editores, preguntándole si estaría bien que ella aceptara otras asignaciones, y él siempre le dejó en claro que no debería hacerlo. “No te estoy diciendo qué hacer, pero así es como demuestras que estás comprometida”, “tu compromiso conmigo es más importante”.

Furst nunca comunicó sus demandas por escrito, solo en llamadas telefónicas. De acuerdo con Rhoades Ha, portavoz del Times, “no requerimos exclusividad para los freelance”.

Una fotógrafa que ha trabajado para el Times durante una década dice que Furst le preguntó en 2015 si planeaba tener hijos. “Me preguntó específicamente: ‘¿Cuál es la situación de tu familia? ¿Planeas tener hijos? Porque me gusta mucho trabajar con personas que están totalmente comprometidas con este trabajo”. Ella le dijo que no tenía hijos y que, por lo tanto, estaba “siempre disponible”.

Alsultan no se dio cuenta de que el Times ya no la asignaba hasta finales de 2019, cuando Furst asignó a otro fotógrafo para una historia en Arabia Saudita. “Me sorprendió porque no me lo dijeron”, dice. Había trabajado para el Times con regularidad, en Arabia Saudita y en otros lugares, a lo largo de 2018. Cuando las asignaciones de la oficina internacional se ralentizaron y luego se detuvieron en 2019, pensó que era porque el asesinato de Jamal Khashoggi había puesto un freno a las historias del Reino. Ni Furst ni otros editores de la mesa internacional le dijeron que ya no querían trabajar con ella, dice, por lo que continuó rechazando trabajos de otras publicaciones.

En 2016, fue mentor en el taller Transmission en el festival Visa pour l’image, donde presentó y discutió imágenes que había encargado para el Times. “Fue un trabajo hermoso”, dijo la fotoperiodista brasileña Carolina Arantes, quien asistió como participante, “pero todas las fotografías que mostró fueron tomadas por hombres”.

Alsultan, quien también participó, confirmó ese relato. Ambos dijeron que le preguntaron a Furst por qué no mostraba fotos de mujeres y por qué no publicaba mujeres con más frecuencia. Cada una recordó a Furst diciendo que no había suficientes mujeres cuyo trabajo fuera lo suficientemente bueno para el New York Times.

Si bien la falta de paridad de género es un problema en toda la industria, el enfoque de Furst fue particularmente notable. Su “equipo A” estaba compuesto principalmente por hombres blancos, y hasta 2018, la mayoría de las asignaciones fotográficas internacionales en el Times eran para hombres.

Según un recuento interno revisado por CJR, en 2017 alrededor del 19.5% de las asignaciones de fotografías de la oficina internacional fueron para mujeres.

“Preparada para fracasar”

Cuando Bruce trabajaba con Furst, “sé que a menudo era la única mujer con la que quería trabajar”, dice. “Siempre sentí que era la última en su lista de A-team. Los chicos obtuvieron las historias sexys y yo obtuve las sobrantes, o cualquier cosa que tuviera que ver con las mujeres”. Bruce dice que se siente “honrada” de hacer historias sobre mujeres, pero “hay un club de chicos”.

Bénédicte Kurzen, una fotoperiodista francesa afincada en Nigeria que es integrante de NOOR, dijo que había trabajado regularmente para el Times antes del mandato de Furst, pero después de que lo contrataron sus tareas se ralentizaron. Tenía una buena relación con el editor del Times con el que trabajaba antes de Furst y reconoce que no es inusual que un nuevo editor tenga preferencias diferentes. Pero con Furst, “siempre me pareció que estaba cometiendo un error, o que estaba haciendo las cosas mal, cuando en realidad sé que soy un buen profesional. Todo esto creó una atmósfera de incertidumbre, erosionando mi confianza para cumplir y trabajar para el Times”.

Ella preguntó a Furst si tenía algún problema con su trabajo; él dijo que no, dijo Kurzen, pero nunca volvió a contratarla.

La fotógrafa Jane Hahn dijo que con él se sentía “preparada para fracasar”. A principios de 2011, Hahn cubrió para el Times la guerra civil en Abidjan, Côte d’Ivoire. “La lucha fue intensa, sangrienta e impredecible. Era la primera vez que cubría un conflicto y, aunque conocía bien a Abidján y tomaba precauciones de seguridad, dice que casi no recibió apoyo de Furst, que a menudo ni siquiera respondía a sus correos electrónicos”.

“Tienes miedo, la adrenalina se va, estás tratando de fotografiar la horrible devastación que está sucediendo y salir de allí lo más rápido posible”, dijo. “Solo estaba tratando de conocer la historia y mantenerme con vida, y le pedí repetidamente, incluso desde el primer día, comentarios, consejos. Quedó sin respuesta”.

En una segunda asignación a Abidjan para el Times, poco más de un mes después, cuando el conflicto se había vuelto más violento, nuevamente Furst rara vez respondía a sus correos electrónicos. Cinco días después de que regresara a su casa en Ghana, y una semana después de que él le enviara un correo electrónico por última vez, dice, recibió una llamada desesperada de Furst preguntándole dónde estaba.

“La fotógrafa a la que Furst le preguntó si tenía hijos vivía con tanto miedo de él que rechazó una tarea solo dos veces en una década”, escribe Chick. En ambas ocasiones, él estalló en ira y ella sintió que posteriormente la castigó al no ofrecerle las asignaciones de su elección. “He construido toda mi vida en torno a decirle que sí”, dijo la fotoperiodista. “Siempre estoy en espera, y eso es gracias a él. Tengo demasiado miedo de decir que no. Así que cancelo las vacaciones, he cancelado dos o tres vacaciones. Porque tengo demasiado miedo de decir que no puedo hacerlo”.

Tres fotógrafas mujeres de color no estadounidenses dicen que sintieron que su raza o nacionalidad fue un factor en la forma en que Furst las trató. Una fotógrafa asiática que trabajó con frecuencia para Furst durante unos cinco años dijo que le gustaba decirle cuánto había crecido bajo su tutela. En un momento, a ella y a un periodista se les ocurrió una idea original para una serie de varias partes de un año y la propusieron al periódico. Fue aprobado, dijo, pero Furst luego reasignó la idea a otro fotógrafo con sede en Europa. Eventualmente filmó gran parte del proyecto, pero, dijo, “ese fue el comienzo de muchos problemas entre él y yo”. Al igual que otros fotógrafos, dijo que Furst fue cálido a veces; mostró preocupación por ella en una ocasión en la que resultó herida. También señala que el sesgo hacia los fotógrafos blancos y occidentales es un problema de toda la industria.

Editores y exeditores hablan del trato de Furst

Mensajes intercambiados por editores del despacho internacional que fueron revisados ​​por CJR muestran que “temían los arrebatos de Furst”. Uno se quejó de que Furst debía capacitarlo y le brindó poca orientación o retroalimentación, Un ex editor dijo que  Furst reprendió a los editores por errores menores en las reuniones, diciéndoles frente a sus colegas que “la cagaron”. El mismo editor dijo que lo controlaba para que no desarrollara relaciones con sus colegas.

“La dirección del Times pareció hacer la vista gorda ante el comportamiento de Furst”, escribe Chick. “Los editores de fotografía actuales y anteriores del Times dicen que Furst era percibido en el departamento como el favorito de Michele McNally, el director de fotografía que lo había contratado, y que McNally no era receptivo a las quejas sobre su comportamiento”. Se convirtió en el intocable, dijo otro ex editor de foto que pasó más de 13 años en el Times.

“Lo que sucedió con la investigación nunca quedó claro para quienes participaron. Todo lo que fue evidente fue que Furst no obtuvo la promoción: en julio de 2018, el Times anunció que Looram, un editor de fotografía adjunto, se convertiría en director de fotografía. Después del anuncio, Furst a menudo se ausentaba de la oficina. Dejó de responder llamadas y correos electrónicos de fotógrafos con los que trabajaba con regularidad, y muchos se pusieron ansiosos, sin saber si deberían trabajar para otros clientes o esperarlo, dice el ex editor de fotos del Times que trabajó con él durante varios años”, dice el reportaje.